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Día Internacional de la Mujer Rural

El primer Día Internacional de las Mujeres Rurales, se observó el 15 de octubre de 2008. Este día internacional nuevo, establecido por la Asamblea General en su resolución 62/136, de 18 de diciembre de 2007, reconoce «la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural».

MENSAJE DEL SECRETARIO GENERAL CON MOTIVO DEL

DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES RURALES

15 de Octubre del 2016

Las mujeres rurales representan casi la mitad de la fuerza de trabajo agrícola en todo el mundo. Ellas cultivan, procesan y preparan gran parte de nuestros alimentos. Son el pilar de las comunidades rurales, y en muchos hogares son las principales encargadas de la seguridad alimentaria, las oportunidades de educación y la atención de la salud.

Sin embargo, los efectos del cambio climático y la degradación ambiental están obligando a muchas mujeres rurales a migrar, lo que hace que aumente la inestabilidad de sus familias y comunidades y supone un obstáculo para el desarrollo y el crecimiento.

Los desastres naturales, junto con las crisis recurrentes de evolución lenta, como las sequías, afectan a las mujeres rurales de forma desproporcionada, lo que se suma a las dificultades que ya tienen para acceder a los alimentos, la atención de la salud, la educación y la información.

Muchas mujeres rurales se trasladan en busca de tierras más productivas y en un intento por mejorar sus vidas y las de sus familias. Sin embargo, la migración puede aumentar su aislamiento y marginación. Otras mujeres quedan atrás cuando los varones de la familia se van a buscar oportunidades en otros lugares. Ambos grupos necesitan el apoyo de la comunidad internacional, como parte integrante de los debates sobre la migración y el desarrollo.

La introducción de simples cambios de política puede beneficiar a las mujeres rurales y ayudarlas a hacer frente a los efectos del cambio climático. Por ejemplo, la regulación de las remesas y la reducción de los costos de transacción pueden empoderar económicamente a las mujeres rurales para que puedan aumentar la resiliencia de sus familias y comunidades. La capacitación y el acceso a información sobre la tecnología y la agricultura resilientes al clima pueden cambiar esta situación en forma radical. No obstante, con demasiada frecuencia se considera que estas cuestiones corresponden solo a los hombres, y las mujeres quedan excluidas y no pueden sacar provecho de esos conocimientos.

En este momento en que estamos buscando las mejores maneras de responder a los movimientos de refugiados y migrantes, quisiera exhortar a todos a tomar en cuenta las necesidades y preocupaciones especiales de las mujeres rurales.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible promete no dejar a nadie atrás. Para cumplir esa promesa, debemos ayudar a las mujeres rurales a prosperar y acceder al apoyo y la información que necesitan, de manera que puedan desarrollar su potencial sin tener que abandonar sus comunidades.