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Día Internacional para poner fin a la Impunidad de los Crímenes contra periodistas

Durante la última década, más de 700 periodistas han sido asesinados por cumplir con su tarea de informar al público. Es preocupante que tan sólo el 10 por ciento de estos crímenes haya concluido con una condena. La impunidad envalentona a los criminales y al mismo tiempo tiene un efecto aterrador sobre toda la sociedad, en particular, sobre los propios periodistas. La impunidad conduce a más violencia, y se establece así un círculo vicioso.

El 18 de diciembre de 2013, la Asamblea General aprobó su primera resolución relativa a la seguridad de los periodistas y la cuestión de la impunidad (A/RES/68/163), en la que condena todo tipo de ataques contra los trabajadores de los medios de comunicación, y proclama el 2 de noviembre como el «Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas». La fecha se eligió en conmemoración del asesinato de dos periodistas franceses en Malí en 2013.

Esta histórica resolución insta a los Estados Miembros a que tomen medidas concretas para prevenir las agresiones contra los periodistas, asegurar que los responsables sean llevados ante la justicia y garantizar el derecho de las víctimas a las reparaciones. Asimismo, exhorta a los Estados a promover un entorno propicio y seguro en que los periodistas puedan realizar su labor de manera independiente y sin interferencias.

Mensaje con ocasión del Día Internacional
para poner fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas

2 de noviembre de 2018

En poco más de un decenio, más de mil periodistas han perdido la vida en el desempeño de su indispensable labor. Nueve de cada diez casos quedan sin resolver, sin que nadie rinda cuentas por ellos.

Las mujeres periodistas suelen correr un mayor riesgo de ser atacadas no solo por su profesión sino también por su género, que, entre otras cosas, las hace objeto de la amenaza de violencia sexual.

Tan solo este año, han sido asesinados al menos 88 periodistas.

Muchos miles más han sido atacados, hostigados, detenidos o encarcelados por acusaciones falsas, sin las debidas garantías procesales.

Esto es indignante, y no debe convertirse en la nueva norma.

Cuando se ataca a los periodistas, paga el precio la sociedad en su conjunto.

Me preocupan profundamente el creciente número de ataques y la cultura de impunidad imperante.

Exhorto a los Gobiernos y a la comunidad internacional a que protejan a los periodistas y creen las condiciones necesarias para que puedan realizar su trabajo.

En esta ocasión, quiero rendir homenaje a los periodistas que hacen su trabajo todos los días a pesar de la intimidación y las amenazas. Su trabajo —y el de sus colegas caídos— nos recuerda que la verdad nunca muere. Tampoco debe morir nuestro compromiso con el derecho fundamental a la libertad de expresión.

Informar no es un delito.

Juntos, alcemos nuestra voz en defensa de los periodistas, la verdad y la justicia.