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Cascos Azules peruanos: Servicio y sacrificio

 

En este momento existen cerca de 90 mil militares y policías desplegados en misiones de paz de la ONU alrededor del mundo. Países como Haití, India, Pakistán,  República Centroafricana, entre otros, son lugares de conflicto en donde las Fuerzas de Paz o Cascos Azules se encuentran trabajando para crear las condiciones para una paz duradera.

Actualmente, hay 234 peruanos desplegados en las misiones de MINUSCA (República Centroafricana), MONUSCO (República Democrática del Congo), UNMISS (República de Sudán del Sur), UNAMID (Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur) y UNISFA (Fuerza Provisional de Seguridad de las Naciones Unidas para Abyei).

Para poder ir a una misión, cada Casco Azul debe prepararse. En el caso peruano, esta preparación se da en el Centro de Entrenamiento y Capacitación para Operaciones de Paz (CECOPAZ), ubicado en Ancón, Lima. El Centro prepara a militares, policías y personal civil peruano para su despliegue en misiones de la ONU y también capacita a oficiales superiores para que se conviertan en militares observadores.

Los Cascos Azules se alejan de su país en misiones que pueden durar más de un año, dejando atrás sus costumbres, idioma, comida, amigos y sus seres queridos. Esto no solo trae cambios para quienes se van, sino también para aquellos quienes se quedan esperando el regreso de su familiar.

Gladys Rojas es ingeniera química y militar. Partió hacia su primera misión el 2004, hacia el Congo, en donde estuvo durante 18 meses. Un país del cual no había oído hasta ese momento. Ella es una pionera: se encuentra entre las dos primeras mujeres peruanas que fueron desplegadas para misiones de paz de la ONU. Según cuenta, tuvo que tomar la decisión al instante, sin consultar con nadie, ni siquiera con su familia.

Cuando su hermana menor Gloria se enteró sobre el viaje, confiesa que lo primero que sintió fue tristeza porque sabía que Gladys se iba por mucho tiempo. Pero ese sentimiento terminó convirtiéndose en orgullo y felicidad, pues sabía que su hermana se dedicaría a brindar protección a quienes más lo necesitan.

En un ambiente usualmente tomado por hombres, el que una mujer haya logrado ser pionera y que esa persona haya sido su propia hermana, hizo que Gloria se diera cuenta de que ‘‘no solo los hombres podían realizar esas funciones’’, las mujeres tenían también las mismas capacidades. El viaje de Gladys fue un aprendizaje tanto para ella como para Gloria.

El 2018 se cumplen 70 años desde que comenzaron las operaciones de mantenimiento de paz de los Cascos Azules. Más de un millón de mujeres y hombres han participado en estas misiones, en donde a cada uno se les pide grandes sacrificios; no solo a ellos, sino a sus familias también. El personal suele operar en ambientes hostiles a los que otras personas no pueden o no desean ir, debido a los riesgos que existen. El objetivo de cada misión es el de dejar un legado de estabilidad.

Conoce más historias de Cascos Azules peruanos como Gloria con el video de CINU Lima.


Redacción: Ángela Valdivia