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Para lograr la Agenda 2030, el sector privado debe fortalecer su trabajo en desarrollo

Palabras de Olga Isaza, Representante a.i. de UNICEF en el Perú, a nombre del Sistema ONU en el marco del Sustainability Forum, realizado el 21 de agosto de 2018:

El Sustainability Forum organizado por AMCHAM nos invita a reflexionar sobre la transformación del rol del sector privado y la construcción de alianzas para el logro de un mundo íntegramente sostenible, socialmente justo, ambientalmente seguro y económicamente próspero e inclusivo. La Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, nuestra hoja de ruta hacia el desarrollo, fue construida como una respuesta de la comunidad internacional destinada a cambiar el actual estilo de desarrollo y construir sociedades pacíficas, más justas, solidarias e inclusivas en las que se protejan los derechos humanos, el planeta y los recursos naturales.

Con una visión de largo plazo y de un amplio proceso de consultas ciudadanas hechas a la población del mundo con la pregunta ¿qué futuro queremos?, nació la Agenda 2030, que exhorta a los países a seguir un desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades. Los ODS buscan intensificar los esfuerzos mundiales para poner fin a la pobreza en todas sus formas, reducir la desigualdad y luchar contra el cambio climático garantizando que nadie se quede atrás.

La Agenda y los 17 ODS planteados son un instrumento que ayuda a los estados a avanzar y a que el desarrollo llegue a todas las personas, especialmente las poblaciones en situación de vulnerabilidad como los niños y niñas, las poblaciones indígenas, las mujeres, las comunidades LGBTI y las personas afrodescendientes, entre otras. Nos brinda una nueva oportunidad para repensar el desarrollo desde la igualdad, la universalidad de derechos y la dignidad de las personas, colocándolas en el centro de las decisiones.

El proceso de definición de la Agenda 2030 involucró activamente al sector privado, el cual se situó como un actor clave en la sostenibilidad del progreso económico, social y ambiental. En particular, la conferencia de financiamiento para el desarrollo de 2015 en Addis Abeba (Etiopía) resaltó el rol del sector privado para lograr los ODS, tanto a través del financiamiento directo como a través de estrategias corporativas que inviertan en las poblaciones y ecosistemas priorizados.

Recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó el segundo informe anual sobre el progreso y los desafíos regionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe. El informe resalta el contexto favorable de crecimiento económico que ha tenido la región entre el 2002 y el 2014. Señala, sin embargo, que entre el 2015 a 2017 ha habido un menor crecimiento, fundamentalmente debido a un contexto mundial de desaceleración, asociado a la reducción de los precios de las materias primas. En este marco la pobreza monetaria ha crecido algunos puntos porcentuales en varios países de la región y la desigualdad también, afectando en mayor medida a las mujeres, los jóvenes y las poblaciones indígenas. Se espera que durante el año 2018 estos comportamientos mejoren y se prevé que Perú sea uno de los países que crezca por encima del promedio de la región.

Sobre los ODS referidos al aprovechamiento de los recursos naturales, el informe no es positivo. Señala cómo, a pesar de los esfuerzos que han hecho los países de la región de América Latina y el Caribe por mejorar sus marcos normativos e implementar políticas específicas, los ecosistemas se siguen dañando, la desertificación y la degradación de los suelos sigue en aumento y la gestión de los recursos hídricos se halla en una situación muy comprometida.

Se reconoce, por otra parte, que el carácter predominantemente urbano de la región representa grandes desafíos para mejorar la infraestructura de habitabilidad y de transporte, fundamentalmente público, así como para mejorar la disponibilidad de servicios de agua y saneamiento. Por su parte, las condiciones de empleo, subempleo y desempleo que afectan en mayor medida a mujeres y jóvenes son también un desafío de los contextos urbanos. No obstante las complejidades urbanas, el cierre de brechas de desigualdad entre las zonas urbanas y rurales, constituye en sí mismo otro gran reto, pues las poblaciones más rezagadas continúan siendo las rurales.

Con respecto al desarrollo energético, la producción y el consumo, el informe resalta el problema de la contaminación y llama a un esfuerzo renovado para su control y reducción. Señala la importancia de que los países de la región migren a fuentes limpias y sostenibles. Medidas ya en implementación por algunos países como la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles, o el empleo de instrumentos de gestión ambiental, pueden ser repensadas o mejoradas con base en la experiencia ya disponible.

El informe resalta la pertinencia de avanzar en el logro del ODS 6 referido a la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos, en el ODS 7 sobre el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos, en el ODS 11 lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles y en el ODS 12, garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles (ODS 12). Todo lo anterior hacia sociedades sostenibles y resilientes.

Sobre los medios de implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el informe señala la evasión y elusión tributaria, y los flujos ilícitos como una de las barreras importantes que limitan a los países en el logro de la Agenda 2030. En esta perspectiva es fundamental la movilización de recursos públicos. Un elemento estratégico para que los países dinamicen su economía es la mejora de las condiciones de comercio entre los países de la región. Es igualmente importante movilizar recursos privados. Su inversión y sus actividades económicas específicas deben ser sinérgicas con la Agenda 2030. Finalmente, invertir y fomentar la tecnología, ampliar la infraestructura digital y las capacidades para su manejo, así como promover la innovación, son tareas inaplazables hacia el cumplimiento de los ODS.

En lo concerniente a la institucionalidad y los instrumentos para la implementación de la Agenda 2030, el informe resalta los diversos mecanismos y arreglos institucionales que los países de América Latina y el Caribe vienen utilizando. Algunos países han incluido dentro de sus planes de desarrollo nacional las metas de los ODS. Un dato interesante es que en la mayoría de los casos las dimensiones referidas a la economía (reducción de la pobreza, crecimiento económico, empleo) y la educación aparecen con mayor énfasis, seguido de aspectos de salud, seguridad, agricultura y medioambiente.

Es común en la región la designación de responsables visibles de sectores y ministerios como líderes de la Agenda, otros países ya han realizado arreglos presupuestarios, fiscales y financieros, para acelerar su cumplimiento. Las experiencias de Perú, México y Colombia resultan interesantes y podrían ser fuente de aprendizajes mutuos.  Finalmente, el informe aborda los avances de la región en el seguimiento estadístico de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Los países en la región se han venido organizando para generar las estadísticas necesarias para tener una línea de base y luego tener un monitoreo continuo de los avances. Perú es uno de los países de la región que presentó un informe voluntario nacional en julio de 2017 que establece el punto de partida y los avances más recientes. Sin embargo, en materia de seguimiento estadístico, los avances son disímiles. Perú en el contexto de la región se ubica en un lugar intermedio con avances en la generación de estadísticas (línea de base y algunos elementos para el sistema de monitoreo) pero con desafíos en materia de calidad y completitud de la información.

Como ya lo he mencionado los Objetivos de Desarrollo Sostenible, constituyen en una brújula que guía a los gobiernos en la formulación de nuevas políticas de Estado; a las empresas, en la definición de objetivos y estrategias; a las organizaciones de la sociedad civil con marcos de actuación y nuevos propósitos; y a la sociedad en general para tener una nueva visión de la ciudadanía y de sus desafíos.

Naciones Unidas cree firmemente que el sector privado está llamado a ser un aliado estratégico en promover los esfuerzos del gobierno y la comunidad para proteger los derechos de los peruanos y peruanas, especialmente el de las niñas, niños y sus familias. El sector privado no solo contribuye en términos de financiamiento, sino que representa un gran motor para la productividad, el crecimiento económico y la generación de empleo. Es además un socio clave del Estado para el diseño de políticas que impulsen el crecimiento del PBI a la vez que generan bienestar en las personas, sobre todo de aquellas que viven en situación de pobreza, en línea con los compromisos asumidos por el país en los diferentes espacios internacionales que ocupa el Perú y a los cuales busca acceder.

En un mundo en constante transformación, estamos obligados a hacer las cosas de manera distinta, a reformular nuestros procesos, y a integrar el concepto de sostenibilidad a la estrategia del negocio. Según el informe de la Comisión de Comercio y Desarrollo Sostenible “Mejores negocios, un mundo mejor” (2017), la mitad de la comunidad empresarial considera que el logro de los ODS corresponde al gobierno. Es posible que no hayan identificado las oportunidades de mercado que significa lograr los ODS. De acuerdo con el informe en mención, alcanzar los ODS puede generar USD 12 billones en oportunidades en cuatro sistemas económicos: alimentos y agricultura, ciudades, energía y materiales, salud y bienestar.

Por ejemplo, lograr solo el ODS 5 de igualdad de género, podría contribuir hasta US$ 28 billones al PBI global en el 2025, según la Comisión de Negocio y Desarrollo Sostenible. El empoderamiento de mujeres y la reducción de brechas de género en salud, educación, mercados laborales y otras áreas resulta en la reducción de la pobreza, un mayor crecimiento económico, una mayor productividad agrícola, comunidades más resilientes, mejor nutrición y mejor educación de niñas y niños. En suma, tiene un efecto multiplicador a través de las diferentes esferas del desarrollo.

Cada sector y cada empresa deben identificar los objetivos que les son más relevantes para alinear su contribución con las prioridades del negocio. De esta manera su contribución será relevante para su negocio y sustentable en el tiempo. Si las empresas y toda su cadena de valor no alinean su actividad empresarial a los ODS, los costos y la incertidumbre aumentará. El tránsito de las empresas hacia nuevas formas de hacer negocios, como el empleo verde, respeto a los derechos humanos, la economía circular y la economía baja en carbono, representan esfuerzos significativos que, sumados a las políticas nacionales, nos brindan la promesa de un futuro más esperanzador.

Para ayudar a las empresas a contribuir con los ODS, el Global Reporting Initiative (GRI), The United Nations Global Compact (Pacto Global) y el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) desarrollaron el SDG Compass, un protocolo de actuación estructurado en cinco etapas que busca facilitar a las compañías el entendimiento de cuál puede ser su aportación, así como fomentar que adquieran compromisos públicos al respecto y que comuniquen sus avances. La sucesión de etapas del SDG Compass es similar a los procedimientos de trabajo para diseñar una estrategia de sustentabilidad, de modo que su aplicación constituye una excelente oportunidad como punto de partida para preparar una agenda de trabajo más amplia, que actúe sobre los principales impactos positivos y negativos de las operaciones, incluyendo aquellos asociados que se dan en la cadena de valor.

El protocolo plantea que la contribución de las empresas a los ODS puede abordarse desde tres enfoques, no excluyentes y con diferente retorno. Por un lado, se encuentra el desarrollo de acciones filantrópicas, no relacionadas con las actividades de la empresa, mediante las que se busca aportar a la mejora de las condiciones sociales y ambientales de los entornos en los que opera o no la compañía, y que tienen principalmente un beneficio reputacional.

Por otra parte, es posible la implementación de iniciativas vinculadas a las operaciones de la organización para reducir y eliminar los impactos negativos y potenciar aquellos que sean positivos para los grupos de interés. En este caso, los retornos para la empresa son diversos al incluir el posible avance en la eficiencia operacional, reducción de costos, atracción y retención de talento, interés y fidelización de los clientes, entre otros.

El tercer enfoque está constituido por el desarrollo de productos y servicios innovadores, en el marco del sector de actividad de la empresa, que contribuyan a las metas establecidas para los ODS al mismo tiempo que generan nuevas oportunidades de negocio. Les invitamos a conocer y adoptar el protocolo como una herramienta útil para redoblar sus esfuerzos hacia el cumplimiento de los ODS.

El sector empresarial tiene un rol clave en esta misión compartida. Desde Naciones Unidas reafirmamos nuestro compromiso de continuar apoyando los procesos nacionales y la construcción de puentes para el diálogo, y hacemos un llamado a las empresas para centrar sus esfuerzos de manera particular en aquellas metas que directamente afectan a las poblaciones en mayores condiciones de vulnerabilidad.

Los ODS deben articular la visión de país para celebrar el bicentenario de la independencia del Perú, habiendo alcanzado unas condiciones de vida dignas y acordes con la riqueza del país para todas las peruanas y peruanos sin distinción.

Olga Isaza

Representante Adjunta de UNICEF

Sistema de Naciones Unidas – Perú